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EL DIVINO QUERER DE DIOS







Mi dulce Jesús, aquí estoy en tus brazos, para pedirte ayuda. Ah, Tú conoces la amargura de mi alma, cómo el corazón me sangra y mi grande repugnancia de dar a conocer todo lo que Tú me has dicho acerca de tu Santísimo Querer. ¡Más la obediencia se impone! Tú lo quieres..., y yo, aunque me hiciera pedazos, me veo obligada por una fuerza suprema a cumplir el sacrificio.

Mas recuerda, oh Jesús mío, que Tú mismo me has llamado “la pequeña recién nacida de tu Santísima Voluntad”. Un recién nacido sabe apenas balbucir; ¿qué podré, pues, hacer yo? Balbuciré tu 

Querer, apenas. Tú harás todo lo demás, ¿no es verdad oh mi Jesús? 

Más aún, haz que yo desaparezca del todo, y tu Querer sea el que con trazos imborrables y divinos, y mojando la pluma en este Sol Eterno, escriba con letras de oro los conceptos, los afectos, el valor y la potencia de la Voluntad Suprema, y cómo el que vive en Ella, viviendo como en su centro, se ennoblece, se diviniza, abandona sus despojos naturales, regresa a su principio, y, triunfante de todas sus miserias, reconquista su estado de origen, puro, hermoso, todo ordenado a su 

Creador, tal como salió de sus manos creadoras.


Escribe Tú en estas páginas la larga historia de tu Voluntad, tu dolor al verte rechazado por las criaturas, y Tú, que como sol en las alturas, si bien te ves rechazado, derramas tus rayos sobre todas las humanas generaciones y quieres descender para venir a reinar en medio de ellas, y por eso envías los rayos de tus suspiros y de tus gemidos, de tus lágrimas y de tu intenso y eterno dolor viéndote exiliado, y como rota tu 

Voluntad con la voluntad de las humanas criaturas...; y por eso Tú esperas a que te llamen en medio de ellas y te reciban como Rey Triunfador, haciéndote así reinar en la tierra como en el Cielo.

¡Desciende, oh Querer Supremo! Soy yo la primera que te llamo. 

¡Ven a reinar en la tierra! Tú, que creaste al hombre para que sólo hiciese tu Querer, y que él, ingrato, rompió rebelándose contra ti, ven a atar de nuevo a ti esta voluntad humana, a fin de que cielo y tierra, y todo, quede ordenado en ti.



¡Oh, cómo quisiera, a costa de mi vida, que tu Querer fuese conocido! ¡Quisiera elevar mi vuelo en sus infinitos confines, para llevar a cada criatura su eterno beso, su conocimiento, sus bienes, su valor y tus gemidos inenarrables, porque quieres venir a reinar en la tierra, para que, conociéndote te reciban con amor, y haciéndote fiesta, te hagan reinar!

¡Oh, Querer Santo! Con tus rayos luminosos deja escapar las flechas de tu conocimiento; haz a todos conocer que Tú vienes a nosotros para hacernos felices, pero no con una felicidad humana, sino Divina, para devolvernos el dominio perdido de nosotros mismos, y aquella luz que hace conocer el verdadero Bien para poseerlo y el verdadero mal para huir de él; que nos hace firmes y fuertes, con una fortaleza y firmeza divinas.

Establece las corrientes entre la Voluntad Divina y la humana, y pinta con el pincel de tu mano creadora en nuestras almas todos aquellos rasgos divinos que perdimos con sustraernos a Ella. Tu Querer nos pintará con ese frescor que nunca envejece, con esa belleza que nunca se descolora, con esa luz que nunca se opaca, con esa gracia que siempre crece, con ese amor que siempre arde y que jamás se apaga...

Oh Querer Santo, ábrete paso, forma Tú el camino para hacerte conocer... Manifiesta a todos QUIÉN eres Tú y el gran bien que quieres hacer a todos, para que atraídos y raptados por tan grande bien, todos puedan hacerse presa de tu Voluntad, y así podrás reinar libremente en la tierra como en el Cielo.


Por tanto, te ruego que escribas Tú mismo los conocimientos que de Ella me has manifestado; y que cada palabra, cada frase, cada efecto y conocimiento de tu Voluntad, sean para quien lea otros tantos dardos, flechas, saetas, que hiriéndolo lo haga caer a tus pies y te reciba con los brazos abiertos, para hacerte reinar en su corazón. A tantos prodigios de tu Querer, añade también éste: que al conocerte, no te dejen pasar de largo, no, sino que te abran las puertas para recibirte y hacerte reinar... Esto busca para ti “la pequeña recién nacida de tu voluntad”; si de mí has querido, y con tanta insistencia, el sacrificio de dar a conocer los secretos de tu Querer que me has comunicado, yo de ti quiero esto otro: que al ser conocido haga este prodigio, que tome su lugar de triunfo y reine en los corazones que lo conozcan; sólo esto te pido, oh Jesús mío; no te pido otra cosa; ninguna otra cosa quiero sino el intercambio de mi sacrificio, que tu Querer sea conocido y reine con su pleno dominio.

Tú lo sabes, amor mío, cuán grande ha sido mi sacrificio, mis luchas interiores, hasta sentirme morir; mas por amor tuyo, y para obedecer a tu representante en la tierra, a todo me he sometido. Por tanto, grande lo quiero el prodigio: que al ser conocidas tus palabras acerca de tu Querer, las almas queden raptadas, encadenadas y atraídas, más que por un potente imán, y hagan reinar aquel “FIAT” Divino que Tú, con tanto amor, quieres que reine en la tierra.

Y si te place, mi vida, antes de que estos escritos salgan a la luz del día y circulen por manos de tus hermanos y míos, ah, llévate a tu “pequeña recién nacida de tu Voluntad” a la Patria Celestial. Ah, no me des este dolor; que sea yo espectadora de que nuestros secretos sean conocidos por las demás criaturas; si me has dado el primero, evítame el segundo, pero siempre “non mea Voluntas sed tua FIAT”, “Hágase tu Voluntad y no la mía”.


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