La vida podría estar por todas partes en el universo

 


No solo pueden albergar vida los planetas situados a la distancia apropiada de su estrella, sino también los más inhóspitos, porque sus océanos subterráneos pueden ocultar microorganismos protegidos de amenazas y condiciones adversas. En diez años saldremos de dudas.


Los científicos están cada vez más convencidos de que la vida no ha sido un fenómeno exclusivo de la Tierra, y que en otros lugares del universo hay condiciones suficientes para la existencia generalizada de microorganismos similares a los de nuestro planeta, sin descartar por ello la posibilidad de que existan otras formas de vida diferentes a las conocidas.


Hay varias maneras de aproximarse al encuentro de vida fuera de la Tierra. La primera y más usual es la habitabilidad de planetas que estén a la distancia correcta de sus respectivas estrellas para soportar agua líquida en su superficie, imprescindible para la vida.


De hecho, se han localizado 4.000 exoplanetas posiblemente similares a la Tierra que orbitan alrededor de estrellas como el Sol, pero solo algunos (un total de 24) tienen la posibilidad de ser planetas que contengan vida.


El problema de esta perspectiva para identificar vida fuera de la Tierra es que se trata de una visión muy estrecha de lo que hace que un planeta sea habitable, dado que todos los criterios de búsqueda se basan en la vida en la Tierra tal como la conocemos.


Debajo de la superficie

Una nueva perspectiva en esta búsqueda ha sido aportada por el Southwest Research Institute: se ha comprobado que existen mundos en los que los océanos están atrapados debajo de capas protectoras de roca y hielo, y no en la superficie de planetas descartados como posibles escenarios de vida.


Las lunas de Saturno, Titán y Encelado, así como el satélite Europa de Júpiter, e incluso el planeta enano Plutón, son claros ejemplos de esta evidencia en nuestro sistema solar.


En un informe presentado en la 52a Conferencia anual de Ciencia Lunar y Planetaria (LPSC 52) en marzo pasado, el científico S. Alan Stern explica que la prevalencia de los mundos oceánicos de agua interior (IWOW) en nuestro sistema solar sugiere que pueden estar presentes también en otros sistemas estelares, ampliando enormemente las condiciones para la habitabilidad planetaria y la supervivencia biológica a lo largo del universo.


Añade que desde hace muchos años se sabe que mundos como la Tierra, con océanos que se encuentran en su superficie, deben residir dentro de un rango estrecho de distancias de sus estrellas para mantener las temperaturas que preservan esos océanos.


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Seguramente muchos más

Sin embargo, los IWOW se encuentran en un rango mucho más amplio de distancias de sus estrellas. Esto amplía enormemente el número de mundos habitables que probablemente existan en la galaxia, estima Stern.


Considera también que mundos como la Tierra, con océanos en su exterior, también están sujetos a muchos tipos de amenazas para la vida, que van desde impactos de asteroides y cometas, llamaradas estelares con radiación peligrosa, explosiones de supernovas cercanas y otras.


El artículo de Stern señala que las IWOW son inmunes a tales amenazas porque sus océanos están protegidos por un techo de hielo y roca, generalmente de varias a muchas decenas de kilómetros de espesor, que se superponen a sus océanos.


“Los mundos oceánicos de agua interior están mejor preparados para proporcionar muchos tipos de estabilidad ambiental y tienen menos probabilidades de sufrir amenazas a la vida de su propia atmósfera, su estrella, su sistema solar y la galaxia, que mundos como la Tierra, que tienen su océanos en el exterior”, explica Stern en un comunicado.

Aguas ocultas

El problema radica en que, al estar ocultos, esos mundos oceánicos no son fáciles de ser analizados para confirmar que realmente albergan algún tipo de vida.

Por este motivo, la misión Europa Clipper de la NASA realizará esta década un reconocimiento detallado de la luna Europa de Júpiter e investigará si pudiera albergar condiciones adecuadas para la vida debajo de su superficie.

El Telescopio Espacial Hubble de la NASA observó vapor de agua sobre la región del polo sur de Europa en 2012, proporcionando evidencia potencial de columnas de agua.

Si se confirma la existencia de las plumas, y están vinculadas a un océano subterráneo, el estudio investigará la composición química del entorno potencialmente habitable de Europa y, al mismo tiempo, minimizará la necesidad de perforar capas de hielo para comprobar si hay o no vida.

Otro enfoque paralelo ha sido propuesto por científicos de la Universidad de Colombia Británica (UBC): considera que la geología podría ser la clave para identificar qué planetas podrían contener vida, más allá de lo que puede aportar la búsqueda de agua, ya sea superficial o subterránea.


Nuevos mundos

Brendan Dyck, autor principal de este estudio, considera que encontrar planetas en zonas habitables no es suficiente para conocer si la vida puede existir en otros planetas. Este parámetro es solo una forma de descartar otros planetas menos probables.


Añade que conocer la cantidad de hierro presente en el manto de un planeta, permite predecir lo gruesa que será su corteza y, a su vez, si puede disponer de agua líquida y de una atmósfera.


«Es una forma más precisa de identificar posibles nuevos mundos similares a la Tierra que confiar únicamente en su posición en la zona habitable», explica en un comunicado.


Esencialmente, los planetas rocosos más pequeños de un sistema planetario tienen una cosa en común: todos tendrán la misma proporción de hierro que la estrella que orbitan.


La diferencia es cuánto de ese hierro hay en el manto y en el núcleo, precisa Dyck. Este nivel de hierro puede influir en el comportamiento del agua en el planeta, según la tectónica de placas.


Y concluye: “si bien la órbita de un planeta puede estar dentro de la zona habitable, su historia de formación temprana podría finalmente hacerla habitable. La buena noticia es que, con una base en geología, podemos determinar si un planeta soportará agua superficial antes de planificar futuras misiones espaciales».


Décadas de espera

Despejar esta incógnita llevará décadas, estima la NASA: «nuestras primeras misiones de búsqueda de planetas podrían proporcionar evidencia básica de los mundos potencialmente habitables. El telescopio James Webb, diseñado en parte para investigar gigantes gaseosos y súper Tierras, podría encontrar una versión descomunal de nuestro planeta. El telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA, o el telescopio de reconocimiento infrarrojo de campo amplio, podrían concentrarse en la luz reflejada de un planeta distante para detectar las firmas de oxígeno, vapor de agua o alguna otra indicación clara de posible vida», señala en un comunicado.


Y concluye: «Descubrir otra canica azul-blanca escondida en el campo de estrellas, como un grano de arena en la playa, probablemente requerirá un telescopio de imágenes aún más grande. Los diseños ya están en marcha para ese buscador de planetas de próxima generación, que arrancará en la década de 2030 o 2040»

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